miércoles, 6 de junio de 2012

La contrucción del AMOR



Que contraposición tan clara se plantea sobre la necesidad de APRENDER a AMAR, frente a la vivencia de muchos jóvenes, y no tan jóvenes, que cree que el AMOR cuanto más espontáneo más genuino. La construcción del AMOR se podría comparar a la construcción de una casa.
Por más “ganas” que tengamos en construir tenemos que tomarnos un tiempo para planificar que queremos hacer, con qué recursos contamos y cuáles son las características que tendrá. Es más, no podemos pensar en esta casa, más aún si la pensamos como un hogar, deteniéndonos en este presente, la planificación está abierta a los cambios que se puedan producir en el futuro. Tal vez, no hagamos más que una habitación pero tenemos que dejar proyectada la posibilidad de construir nuevas habitaciones en el futuro.
En la pareja, esta etapa de planificación sería el noviazgo. Precisamente, el noviazgo es la etapa de verificación de la posibilidad real de vivir en unión con la persona de la que uno se ha enamorado. Proyectar como compartir la vida y está abierta a la posibilidad de incluir a futuros hijos en esta planificación.
En esta etapa y, más aún, en la construcción de un matrimonio, será necesario construir cimientos sólidos y con materiales nobles. Sin cimientos la construcción caerá rápidamente frente a los primeros conflictos e inclemencias que aparezcan. Con los cimientos sólidos, las tormentas solo dejarán daños menores y serán oportunidades de superarse. Supone, tiempo y esfuerzo durante la construcción para luego disfrutar de sus comodidades.
Dentro de esta analogía posible, precisamente como ha cambiado la construcción de casas, ha cambiado la construcción de las parejas. Antes la construcción implicaba todos estos elementos, pero hoy, por el contrario, la construcción de una vivienda es rápida, fácil, sin esfuerzo. No necesariamente perdura en el tiempo y frente a determinadas situaciones difíciles termina destruyéndose.
En muchos casos, las parejas se sorprenden a sí misma transformada en una familia, con la aparición de hijos, en las cuales no hay vínculos significativos, sino simples relaciones circunstanciales. La conformación de esta pareja no ha tenido un proceso previo de consolidación de los cimientos en donde se apoye la nueva familia.
El vínculo que establecen un hombre y una mujer en la construcción del AMOR sólido no se compara a ningún otro. Tiene que ser una elección libre, un acto de entrega total y una aceptación del otro. Eric From plantea: “El amor es una actividad, no un afecto pasivo; es un ‘estar continuado’, no un ‘súbito arranque’”. Por lo tanto, el amor no consiste en una entrega ciega, inmediata y sin planificación.
Por el contrario, en esta planificación, la condición indispensable del amor maduro es la reciprocidad. Si el amor no es mutuo, no madura. La confianza, la sinceridad y el respeto son frutos de la reciprocidad. Ésta implica que el amor que uno entrega no tiene restricciones y supone saber que el otro responde con la misma entrega. Si se comienza a poner condiciones, el amor no madura. Por lo tanto, es necesario construir un AMOR sólido, y para ello es necesario tiempo y esfuerzo.
Si queremos reconstruir nuestra sociedad, no habrá tarea más fructífera que la de trabajar en alentar a nuestros jóvenes para que construyan matrimonios sólidos, con posibilidades concretas de construir una comunión entre ellos, que permita alcanzar una comunidad con la llegada de los hijos. Construir MATRIMONIOS sólidos, será la mejor manera de construir una SOCIEDAD más sólida.

domingo, 22 de abril de 2012

LOS SÍNTOMAS DEL ENAMORAMIENTO


Estar enamorado es uno de los momentos más deseados por las personas. A pesar de lo que muchos creen, éste es sólo el comienzo de una relación profunda que puede durar mucho más tiempo.

¡Qué sensación mágica se produce cuando dos personas se enamoran! Ante la presencia del amado, se disparan diversos síntomas fisiológicos: taquicardia, sudoración, palpitaciones, sensación de ahogo, y “un no sé que” –o las famosas mariposas- en el estómago.
Profesionales del Centro de Estudios Especializados en Trastornos de Ansiedad (CEETA) observan que hay personas que sufren el enamoramiento porque padecen trastornos de ansiedad y las sensaciones corporales en ambos casos son similares.
La Lic. Gabriela Martínez Castro asegura que aunque tienen el mismo origen fisiológico, es sencillo diferenciarlas: “los trastornos por ansiedad incapacitan la vida de quien los padece, en cambio el amor la enriquece”.  Además, en el enamoramiento la causa de la ansiedad es muy positiva, mientras que en un trastorno, la causa es el temor.
Está comprobado que en el estado de enamoramiento, el cerebro -y no el “corazón”- genera una serie de cambios en el cuerpo. La producción de ciertas hormonas y neurotransmisores da origen a todas las sensaciones corporales que los enamorados describen como pruebas fehacientes de que están en presencia del amor. Además, el humor y el ánimo son óptimos, aumenta la creatividad y la motivación por el cuidado personal.
Toda esta revolución que se produce en el enamorado, lo lleva a idealizar al otro y proyectar en él lo que quiere ver. Suele sobrevalorar las virtudes y minimizar los defectos.
Al ser tan fuertes estas sensaciones, más aún si se trata de adolescentes, es fácil confundir el enamoramiento con el amor. El primero, no necesariamente es recíproco. El amor, necesariamente lo es. El enamoramiento es inmediato. El amor necesita tiempo. En el primero las emociones son más intensas e inestables. En el amor son más profundas y permanentes. En el enamoramiento hay posesión. En el verdadero amor, entrega. 
El enamoramiento suele ser la primera etapa en una relación de pareja, puede diluirse al cabo de un tiempo o dar lugar a una relación más honda. Por lo tanto, si nos encontramos con estos “síntomas”, a no asustarse y, más importante aún, a no confundirse. Todas estas sensaciones no son eternas, por eso conviene disfrutarlas y que ayuden a conocer al otro tal como es, con sus virtudes y sus defectos, a dejar caer las idealizaciones, y permitirse un encuentro más profundo para seguir creciendo, como personas y como pareja, hacia el verdadero amor.

Nota Publicada en la Revista Sembrar Valores N° 48

domingo, 25 de marzo de 2012

Relación: Sociedad - Familia - Matrimonio

La adecuada concepción del matrimonio y de la familia, sigue constituyendo  el centro de interés de toda comunidad humana, y su logro es una de las principales preocupaciones del ser humano. De cómo se entienda la familia como institución depende las generaciones actuales y futuras.
Es evidente que la Familia es la célula de la Sociedad, pero, podríamos decir que el Matrimonio es la célula de la Familia”. Por lo tanto, es necesaria la constitución de matrimonios que puedan brindar una formación sólida en valores a cada uno de sus hijos.
Es esperable que la familia posibilite, en su propio desarrollo como sistema familiar, la formación de la identidad de sus miembros. Dentro de la familia, la persona tendrá que desarrollar sus potencialidades, hacerse consciente de su dignidad y prepararse a afrontar su destino único e irrepetible.[1]
Esto se logra si está claro y discriminado, quién es quién, y qué lugar, roles y funciones ocupa cada uno. Los padres deben asumir sus funciones de adultos, para que los niños puedan ser niños.[2] Si se logra una formación íntegra de la persona estamos garantizando la posibilidad de contar con buenos ciudadanos que formen la sociedad en que vivimos.
El objetivo fundamental del matrimonio es la defensa de la vida humana, y no solo para sí sino para brindar a la sociedad sus hijos. Desde el mismo momento de la concepción, los padres saben que están generando un nuevo ciudadano. Desde el simple hecho de tener que asentarlo en el Registro Civil, saben que ese hijo no solo le pertenece a ellos, sino que, a su vez, es integrante de una sociedad.
Por lo tanto, es necesario promueve el desarrollo y la educación de sus miembros para que se integren en la sociedad y que la familia trasmita una identidad nacional y cultural. De no lograrlo, lanzaremos a la sociedad persona individualistas, mediocres o frustradas, que no aportaran nada a la sociedad sino que por el contrario esperaran que la sociedad “haga algo por ellos”. No se sentirán parte sino espectadores.
En estos tiempos en donde vemos aspectos de la sociedad que no nos agrada, tal vez, debamos pensar que la posibilidad de cambio radica en lo que podemos hacer dentro de nuestra familia. Cultivemos dentro de nuestro hogar: la comunicación y el diálogo, la tolerancia y la paciencia, la aceptación y la solidaridad. Pensemos como podemos aplicar estas “palabras” dentro de nuestra familia, así haremos nuestro aporte en la transformación de la sociedad en que estamos inmersos y lograremos buenos ciudadanos.


[1] JUAN PABLO II. Centesimus annus. 39. 1991
[2] Marta Vigo. “Psiología Preventiva y de la Salud”. Ed. Fundación Argentina de Logoterapia.

miércoles, 15 de febrero de 2012

¡Pobre San Valentín!

Día de la Madre, Día del Padre, Día del Niño, Día del Amigo, etc. Sabemos que todas estas fechas tienen un fin comercial pero, también, nos permiten saludar de un modo particular a quienes queremos de una manera especial. A su vez, son fuente de inspiración para expresiones artísticas -poesías, canciones, pinturas, esculturas- que hacen alusión a ese día. 
Más allá de todo, también nos invita a detenernos un instante y reflexionar sobre lo que significan estas fechas para cada uno de nosotros. Ayer nos tocó el turno de San Valentín, pero ¿de dónde surge la celebración de San Valentín? Son varias las historias que se cuentan pero la más firme es la que relata la vida de un sacerdote cristiano del Siglo III, llamado precisamente Valentín.
Es en la época de los romanos, cuando se había prohibido el matrimonio a los soldados -ya que se creía que los hombres solteros rendían más en el campo de batalla que los hombres casados-, donde este sacerdote decidió hacer caso omiso a esta ley, unir en matrimonio a todas las parejas que se acercaba a él; a escondidas de los romanos. Por esta razón, fue perseguido, condenado a muerte y ejecutado un 14 de febrero. Siglos más tarde la Iglesia Católica canonizó a San Valentín como patrono de los enamorados.
¿Qué pasaría si hoy estaría San Valentín entre nosotros? ¿Cuántos lo irían a buscar para unirse en matrimonio? ¿Qué reacción tendría él al ver el sentido que hoy le dan a la conmemoración de su muerte? ¡Pobre San Valentín!
El mundo en el que vivimos se encarga de simplificarnos la cuestión: nos propone vivir de una manera fácil, nos propone un 'Amor Líquido' —diría Zygmunt Bauman— sin base firme. Son caprichosas las generalidades y no todos lo viven así, pero hay una tendencia muy marcada de vivir el Día de los Enamorados, como una oportunidad de decir lo que sentís, de dejarte llevar por lo que 'cúpido' te hace sentir, y dar rienda suelta a tus impulsos.
Entonces, si el 'amor' dura mientras te hace sentir sensaciones de éxtasis, va a durar poco. Disculpen que rompa el encanto de que en el Amor todo es lindo y gratificante. El Amor supone el esfuerzo, el entregarse mutuamente, el superar juntos los obstáculos que se puedan presentar, supone compromiso, respeto y, sobre todo, afecto. Un 'amor sólido', capaz de soportar las tormentas que se puedan presentar, capaz de enfrentar a aquellos que están en contra del matrimonio, y este dispuesto a prometerse amor para toda la vida.
Necesitamos más de estos 'enamorados'. ¡Basta de los que sólo compran una caja de bombones o dicen palabras románticas para seducir a su presa de turno! ¡Basta de los que sólo invocan al amor para tener una noche de pasión!
Necesitamos más 'enamorados' capaces de construir un amor que sea entrega y no posesión. Necesitamos más 'enamorados' que construyan un amor sólido y maduro. Necesitamos 'enamorados' capaces de salir en la búsqueda de San Valentín y pedirle que los una en matrimonio 'hasta que la muerte los separe'. 

jueves, 26 de enero de 2012

EL MATRIMONIO: UNA MESA DE CUATRO PATAS

Cuando hablamos de una pareja que se une en busca de la conformación de una familia, es preciso plantear algunos elementos necesarios para la construcción de un matrimonio sólido y maduro, capaz de ser sostén de la familia a conformar.
Para el siguiente planteo, pensemos en una mesa, no cualquier mesa, sino la mesa del comedor o de la cocina la cual permite que todos los miembros de la familia se reúnan entorno a ella, en distintos momentos, en distintas circunstancias.
Es necesario plantear que para la conformación de esta pareja el elemento indispensable es el Amor. Sin el Amor entre los cónyuges es imposible constituir un matrimonio maduro. Por lo tanto, en la analogía que proponemos, el Amor esta representado por la tabla con la que vamos a construir la mesa. Es imprescindible la tabla, sin ella no habría mesa. Pero no es el único elemento. Es necesario colocar esta tabla sobre cuatro patas para que pueda construirse la mesa.
Las cuatro patas que debemos colocar son las siguientes:
                                                                                          -Comunicación
                                                                                          -Sinceridad
                                                                                          -Confianza
                                                                                          -Respeto.
 Al igual que en la mesa, estos cuatro pilares del matrimonio, se construyen manteniendo una misma altura. Si una pata es más larga que las otras, la mesa, no cumplirá su función. Si una es más corta, no tendrá la estabilidad suficiente como para apoyar algo sobre ella. Analicemos las cuatro patas.
Muchos afirman, y con razón, que la Comunicación es sumamente importante en la pareja y dentro de la familia. Sabemos de la importancia de este diálogo. Cuando no hay comunicación no hay posibilidad de llegar a un acuerdo, ni tomar decisiones en conjunto. Es más, no hay posibilidad de compartir la vida con el otro y crecer como matrimonio.
Pero, es necesario remarcar, que no es un simple diálogo, se debe apoyar en la Sinceridad, esto es, ser franco frente al otro de lo que siento, pienso y hago. De nada sirve la comunicación sino partimos de la base, de que soy plenamente sincero en ese diálogo que establezco con el otro. La información guardada o modificada con el ánimo de manipular al otro, tarde o temprano termina apareciendo y destruyendo, o por lo menos desestabilizando, a esta mesa. Si no hablo con sinceridad, en muchos casos, es más destructivo que no hablar.
Por el otro lado, es necesario tener Confianza. De nada me sirve hablar con el otro sino confío en él. Es necesario depositar un grado de confianza que me permita sentir seguridad frente a lo que el otro me plantea. Tal vez, esta pata es la más castiga frente a situaciones de celos constantes, o bien, es la que se destruye frente a la infidelidad. 
Si todo esto no se da en un marco de Respeto, a la mesa le faltaría una pata y ya no serviría. Y es tan así, que en situaciones cotidianas donde la falta de respeto se hace presente, la comunicación se dificulta. En cuanto uno de los dos comienza a gritar o insultar ya no hay comunicación en esa pareja. Más aún, la falta de respeto se puede manifestar en golpes y agresiones físicas, en la “utilización del otro como objeto”, en el sometimiento a tener relaciones sexuales en contra de su voluntad,  en la humillación frente a los hijos o terceros, en la infidelidad, etc.
En la analogía de la mesa, queda claro que existe una relación directa entre estos cuatro conceptos, y que ante situaciones en donde se atenta contra una de estas patas las otras cuatro se resienten. Lo que le afecta a una, afecta a todas.
A modo de ejemplo: Si pensamos en la infidelidad para aplicar esta idea, sabemos que es una falta de Respeto grave frente al otro cónyuge, que no ha sido Sincero y que la Confianza del otro estará fuertemente afectada por esta revelación. Podemos pensar que la Comunicación de esta pareja ha estado afectada. Quedará en la decisión de ambos y en la fortaleza de la tabla (EL AMOR) la posibilidad de reconstruir esta mesa, esta pareja.
Ante situaciones de crisis o conflicto, se tendrá que revisar las cuatro patas, desde la Comunicación, con Sinceridad y Confianza, con el Respeto que todos nos merecemos.
Por lo tanto, es claro que el AMOR es indispensable en la construcción de la pareja, pero es necesario colocarlo sobre estas cuatro patas desde el primer momento en que decide consolidarse en el matrimonio y constituir una familia.  

jueves, 22 de diciembre de 2011

Entrevista publicada en la Revista Búsqueda

Anuario 2011 del Instituto Mariano Moreno de Alfonzo - Pergamino

¿Por qué escribió el libro de Sexualidad?
A partir de una tesis que tuve que presentar en la Universidad Austral para recibirme de Orientador Familiar, surge la idea de publicarlo como libro. La necesidad de una formación sexual integral de muchos niños y jóvenes se asocia con un cierto grado de desconocimiento y muchos miedos de tantos padres que no atreven o no saben cómo abordar estos temas con sus hijos. No sólo necesitan información, lo que más necesitan es formación. De la observación de esta realidad, surge este libro que pretende ser un instrumento para que más padres y educadores se animen a abordar estos temas teniendo criterios claros y bases firmes para satisfacer esta necesidad de formación que tienen tantos niños y jóvenes.

¿Cree que la sexualidad tiene que ver con lo cultural?
Sin duda, somos personas y, por esa razón, lo cultural nos atraviesa, y atraviesa nuestra manera de vivir la sexualidad. Es necesario darse cuenta que en lo social y lo cultural hubo un cambio muy significativo. Hemos atravesado una actitud prohibitiva hacia la sexualidad en donde todo lo realizado con “eso”, era “malo, pecaminoso, oscuro”. Existía un fuerte tabú sobre todo lo relacionado con la sexualidad. El paradigma ha cambiado y hoy nos enfrentamos a una actitud permisiva en donde “todo vale” y “si lo sentís, hácelo”. Por el sólo hecho de ir al otro extremo, no significa que el cambio producido ha sido para bien. Al contrario, aún hoy se conservan los tabú, los miedos y la vergüenza a la hora de hablar de estos temas y el “todo vale” nos expone a situaciones de riesgo y promiscuidad. Es necesario plantear una actitud de cultivo, en donde nos apoyemos en nuestra capacidad de decidir sobre aquello que realmente queremos hacer y somos capaces de ser.

¿Cuáles son los factores que favorecen el diálogo entre adultos y adolescentes acerca de la sexualidad?
Cuanto antes comencemos a hablar, mejor. No tenemos que esperar a la adolescencia para generar espacios de diálogos con nuestros hijos. Es necesario plantear momentos para hablar de distintos temas, no específicamente acerca de la sexualidad. Es preciso hablar de los intereses, miedos, inseguridades de nuestros hijos. Con una actitud abierta, tratando de no juzgar y mucho menos condenar. Si se generan espacios de diálogos, hablar sobre sexualidad será, seguramente, uno de tantos otros temas que nuestros hijos necesitan compartir con nosotros.

¿Cree que los adolescentes están dispuestos a escuchar a los padres?
Definitivamente, sí. Lo que no estoy tan seguro es que los padres estén dispuestos a escuchar a sus hijos. Es que muchas veces los padres comienzan a hablar antes de escuchar, lo que genera que el hijo –más aún si es adolescente- se cierre y no quiera escuchar lo que sus padres quieren decirle. En algunos casos, los padres comienzan a contar sus propias experiencias, cuestión que a los hijos –más aún si son adolescentes- no les interesa escuchar. Por lo tanto, el desafío es generar espacios de encuentro para que padres e hijos puedan entrar en diálogos, dispuestos a escuchar al otro.

¿Ha crecido el número de enfermedades de transmisión sexual?
En primer lugar, me alegro que la pregunta este formulada en relación a las enfermedades de transmisión sexual y no exclusivamente al VIH. En el imaginario colectivo, parecería que la única ETS es el SIDA, desconociendo o minimizando una veintena de enfermedades que también se contagias por relaciones sexuales.
Sin duda que el número de ETS, sigue en aumento. No sólo del VIH, sino de enfermedades como sífilis, gonorrea, HPV, tricomoniasis, chancro blando, candidiasis, clamidia, etc. Parte de este aumento se debe a una información falaz sobre la utilización del preservativo. La mayoría sabe de su existencia, muchos no lo utilizan directamente y otros no lo utilizan correctamente. El preservativo no es 100% seguro, disminuye el riesgo de contagio, siempre y cuando se utilice correctamente. Algunas ITS no necesariamente se evitan con la utilización del preservativo. No olvidemos que este es un método anticonceptivo.

¿Creció la cantidad de embarazos adolescentes?
No tengo las últimas estadísticas sobre este tema, pero si podemos decir que ha disminuido notablemente la edad de inicio de relaciones sexuales en los últimos años. Cuestión que expone aún más a las jóvenes a tener embarazos no deseados. Esperemos que no lleguemos a considerar al embarazo un problema y al aborto como la solución. El embarazo siempre es una buena noticia, no importa la edad de la madre porque es una nueva vida que comienza. He visto a muchas adolescentes vivir plenamente su adolescencia, terminar sus estudios y formar una familia, a pesar de haber tenido un embarazo no buscado. Por el contrario, he asistido a muchas mujeres que presionadas por sus padres, su circunstancial novio o el entorno, llegaron a la decisión de abortar y aún hoy sufre las consecuencias psicológicas de tal decisión.

¿Qué mensajes nos podría dejar?
A los padres, anímense a hablar con sus hijos, niños y adolescentes, de este y de cualquier otro tema. Ellos necesitan de padres presentes, abiertos al diálogo y capaces de acompañar todos los cambios que los hijos van viviendo a lo largo de la vida.
A los jóvenes, no se dejen llevar. La sociedad en que vivimos los lleva a buscar el bienestar y el placer por encima de la felicidad. Si compran estas metas para sus vidas, solo encontrarán vacío y soledad. Si por el contrario, se esfuerzan por vivir plenamente su sexualidad, sin dejarse llevar por los impulsos, haciéndose cargo de sus decisiones y preparándose para formar una familia, en ese camino encontrarán, sin duda, la FELICIDAD. 

viernes, 9 de diciembre de 2011

"¿Educamos a nuestros hijos hacia la Felicidad?"

Esta pregunta no necesariamente tiene una respuesta única: Sí o No. La propuesta es pensar, simplemente, lo que hacemos en el día a día en la educación de nuestros hijos. No se pretende juzgar. Lo que se propone, entonces, es reflexionar sobre la educación que le estamos brindando a nuestros hijos y si esa educación le permite acercarse a la felicidad.
Todos estamos llamados a la felicidad. Solo en la patología y en el desorden, una persona puede ir en contra de la felicidad. Pero muchas veces, a pesar de querer ser felices no lo podemos lograr. Víctor Frankl, lo plantea en estos términos: “Perseguir la felicidad es suficiente para alejarla”[1].
No puedo acercarme a ella directamente, sino que, la felicidad, va a ser el resultado de un proceso de búsqueda personal de quien soy, que quiero ser y que quiero hacer. Muchas veces queremos la felicidad sin haber logrado ese paso previo. Sin esas respuestas básicas todo lo que hacemos carece de sentido.
La Felicidad es una sensación de plenitud que el hombre busca permanentemente y que no siempre encuentra. Esta búsqueda es exclusiva del hombre, de todos los hombres. No es una búsqueda de objetos materiales, en esta solo obtendría satisfacción muy fugaz.
La Felicidad es una realidad espiritual. Cuando el hombre encuentra aquello que busca, encuentra la Felicidad. San Agustín dice: “feliz es quien tiene todo lo que quiere”.[2] Pero esto que “quiere” se establece primero al conocer algo, luego si lo que se conoce es bueno, “lo quiere”. Por lo tanto en la búsqueda de la Felicidad interviene las facultades humanas: la Inteligencia y la Voluntad.
Analicemos, ahora, las causas de la infelicidad.[3] Se pueden dividir en dos grandes grupos:
1.    Por no conocer el bien: Si nos acercamos al mal no podemos ser felices. El mal nos puede encandilar con un efecto efímero de satisfacción pero nos aleja de la felicidad. Esto no quiere decir que debemos ser catedráticos en el estudio del bien. Simplemente, poder discernir, a través de nuestra inteligencia, entre aquello que esta bien y lo que esta mal, y seguir una tendencia hacia el bien. Es más, si uno pudiera realizar una encuesta acerca de la Felicidad, seguramente nos encontraríamos con que, la mayoría de las personas, saben que es bueno para ellas y, sin embargo, no son felices.
2.    Por no quererlo, por no poner en funcionamiento la voluntad para alcanzar el bien.
Por lo tanto, necesitamos de las dos facultades humanas: la inteligencia y la voluntad. Solo en la obtención del bien, encontraremos la felicidad. Pero si es tan fácil, ¿por qué cuesta tanto? Porque, precisamente la felicidad cuesta. No es fácil. No es directo.
La felicidad va a ser un camino de rosas, pero un camino de rosas con espinas. Por lo tanto, sino podemos soportar las espinas que la vida nos depara, tampoco vamos a poder disfrutar del color y el perfume de las flores que la vida nos regala.
En este punto, podemos relacionar la felicidad, con el dolor. Podríamos decir que el dolor es un tema tabú en la sociedad en que vivimos. En un mundo en donde se habla de todo lo fácil, práctico, cómodo, hablar del dolor es tomado como un signo de pesimismo, del esfuerzo, del sufrimiento.
Pero no es pesimismo. El dolor es inevitable e ineludible en el camino hacia la felicidad. Los momentos de dolor son “los pinchazos”, de las espinas de las rosas, que vamos a recibir para disfrutar de la frescura y calidez de las flores.
Sigamos profundizando este razonamiento. El amor es un acto de la voluntad; una voluntad que busca el bien. El dolor es un mal, por lo tanto, contrario a la voluntad. Nadie en su sano juicio, puede querer un mal para sí. “Pero la consideración del dolor no puede estar ausente de la educación, porque no está ausente de la vida”.[4]
La educación es para el bien, por lo tanto, es para el amor. Santo Tomás, define el amor como el “velle bonum” [5], el “amor es la búsqueda del bien”. Pero en cuanto más se alcance su fin, mayor será la posibilidad de dolor. ¿O acaso no nos pasa que a mayor amor hacia algo, tanto más nos duele su pérdida? “Quien sabe sufrir sabe amar. El amor hace más vulnerables a los que se aman y, por consiguiente, más próximos al sufrimiento o, por lo menos, más expuestos a él”.[6]
Por lo tanto, cuánto más se ama, más nos capacitamos para sufrir. Por eso nos debemos esforzar en educar a nuestros hijos para el Amor y educar la voluntad para que pueda afrontar los sufrimientos que se puedan presentar. El único remedio posible contra el dolor y la tristeza es el Amor.
Toda educación supone una búsqueda del Bien y la Felicidad, pero en esta búsqueda es lógico pensar que nos encontraremos con el Mal. En esta lucha entre el Bien y Mal, va a aparecer el Dolor. Es necesario preparar a nuestros educandos en darle sentido a este Dolor.
En esta misma línea de pensamiento, en tanto que educamos para el Amor, estamos generando la capacidad de sufrimiento, en la medida que la educación alcance su fin, será mayor la posibilidad del dolor. “Sino se educa en el sufrimiento, se traiciona el espíritu de la educación sentimental, porque no se está preparando a esas personas acerca de cómo inducirse respecto de uno de los sentimientos más frecuentes, lacerantes y difíciles de afrontar”.[7]
Otro aspecto a tener en cuenta en este proceso educativo, será revisar la comunicación que establecemos con nuestros hijos. “La familia ejerce su acción educativa de manera formal, espontánea y natural. Y esto es así porque la misma relación y comunicación de sus miembros entre sí favorece o dificulta, según sea su signo o su óptimo desarrollo. La comunicación familiar se caracteriza por los mismos rasgos distintivos de toda comunicación. Sus miembros se comprenden, se toleran, se aceptan y se respetan. Y esto en los ámbitos en los que actúa el proceso educativo: personalización, socialización y moralización”.[8]
Muchas veces los mensajes que emitimos no son interpretados de la misma manera por nuestros hijos. Creemos que ellos interpretan lo mismo o que han captado el mensaje con la misma intencionalidad que lo hemos emitido, pero, como en toda comunicación, se pueden presentar interferencias en la comunicación.
También, hay que tener en cuenta la coherencia, o no, entre lo que decimos y lo que hacemos. Tendremos que tener en cuenta: la palabra, el diálogo, pero también, los silencios, las miradas, los gestos, las actitudes.
Con todo esto podemos volver al planteo inicial y revisar los mensajes que les estamos dando a nuestros hijos. Un mensaje contradictorio es que la Felicidad supone un estado permanente de bienestar y ausencia total de frustración. Pero la frustración, la tolerancia de la misma y la superación es lo que permite educar la voluntad y esforzarnos para alcanzar el bien.
De ahí en más, la felicidad será una consecuencia. “Alcanzar una meta se constituye en razón para estar feliz. En otras palabras, si existe una razón para la felicidad, la felicidad se da, como si lo hiciera espontánea y automáticamente. Es por eso que no es necesario perseguir la felicidad, uno no necesita preocuparse por ella cuando existe una razón para ella.” [9]
Otro mensaje a revisar: ¿Qué camino estamos tomando nosotros como adultos? ¿Qué queremos hacer? No podemos dar lo que no tenemos y por eso es necesario revisar nuestro propio camino hacia la felicidad. Nuestros hijos captan, con muchísima fuerza, los mensajes que les llegan de nuestro ejemplos, mucho más que desde nuestras palabras. Humberto Eco dice: “Yo soy el resultado de todo lo que mis padres me transmitieron, mientras no me estaban educando”.
Por lo tanto, así como es necesario que los padres tengan una autoestima positiva para transmitir a sus hijos la propia, así los padres deben conocer y experimentar la Felicidad. Un padre infeliz no puede lograr un hijo feliz. En todo caso, ese hijo logra la felicidad por otros medios y no por su padre. La Felicidad se realiza en la totalidad del ser, de la persona, y, por consiguiente, se contagia.
La familia es un “ámbito ideal para el discernimiento de valores, siempre y cuando los modelos que presenten los adultos sean los de quienes buscan, sin cansarse, la coherencia entre lo que dicen y lo que viven. Todo en el contorno cálido y cordial de la familia, todo su colorido de relaciones personales, contribuye a que cada uno de sus miembros estime y acepte al otro como es, lo respete, admire y ame, y lo estimule a promoverse en el auto-respeto a lo que le dicte su recta conciencia.”[10]
Pero muchas veces ponemos el acento en dimensiones diferentes al ser y esto también confunde a nuestros hijos. Podemos poner el énfasis en el “Tener” y decir: “-Yo soy lo que tengo”, y lo que tengo no es necesariamente lo que soy. Lo que soy supera lo que tengo, ya que supera la material. Pero, ¿qué valor le damos al “Tener”? ¿Cuántas veces aportamos al “Tener”, más que a otros aspectos? ¿Cuántas veces queremos que nuestros hijos “tengan” cosas? En muchas ocasiones, medimos a las personas por lo que tienen, sin ver lo que son. El mensaje, muchas veces, se reduce a: “¡Si tenés, sos!”.
Podemos, entonces, quedarnos con el “Hacer” y decir: “-Yo soy lo que hago”, pero, si bien lo que hacemos nos constituye como persona, no nos abarca plenamente. Y, menos aún, si lo pensamos como mensaje para nuestros hijos. Pensemos en situaciones concretas en donde nuestros hijos “hacen” cosas que no deben, cosas malas, no por intencionalidad sino por desconocimiento o accidentalmente. Si lo que hago me define, al hacer algo mal, soy malo. Por lo tanto, muchas veces los niños actúan en consecuencia.
El yo lo constituye el “Ser”, su esencia más plena y humana. Por lo tanto, “yo soy yo”, con todo lo que ello implica, defectos, virtudes, potencialidades y actos. En este punto es necesaria la contención afectiva que plantea Orlando Martín:
• Reconocimiento: es admitir y valorar la presencia del otro/a;
• Respeto: porque es una persona digna de ser por sí misma;
• Aceptación del otro tal cual es, sin condiciones;
• Afecto: la contención es cariñosa, una mirada “solidaria”;
• Comprensión: actitud empática de ponerse en el lugar del otro/a.[11]  
Volvemos al planteo inicial: ¿Educamos a nuestros hijos hacia la felicidad? Seguramente es nuestra intención más profunda, pero debemos revisar nuestras actitudes y nuestros mensajes. El desafío esta planteado y la posibilidad de que nuestros hijos encuentren la felicidad nos permitirá ser felices nosotros mismos.