viernes, 16 de octubre de 2026

Hablemos de las redes sociales

En estos tiempos que corren, las redes sociales sean han convertido en un medio para darnos a conocer, para mostrar lo que hacemos, compartir información y experiencias, entretenernos y largo etcétera. En la utilización de estas herramientas no siempre tomamos conciencia de la distancia que existe entre el mundo virtual y el real. A veces, es muy lejana y en otros casos es mucho más cercana de lo que creemos.

Pero puede surgir la pregunta: ¿qué relación tiene la sexualidad con las redes sociales? La respuesta no es una, sino varias. Desde los casos en que los pedófilos utilizan las redes sociales para ponerse en contacto con menores, pasando por los acosos sexuales a través de mensajes, hasta el sexting, son algunos ejemplos que muestran cómo influyen las redes sociales en el desarrollo de la sexualidad.

Es preciso ayudar a nuestros hijos a reflexionar sobre estos temas, incluso antes de que utilicen las redes sociales. Cada vez es más temprana la edad que tienen acceso a distintas plataformas e incluso poseen sus propios teléfonos celulares. Por lo tanto, es crucial ayudarlos a pensar en las redes sociales desde dos puntos de vistas: como observador y como protagonista. 

Si nos detenemos del lado del observador, tenemos que mostrarles que todo lo que ven, no necesariamente es real. Puede haber alteraciones más o menos significativas de una realidad que no se termina de aceptar. O peor aún, una imagen muy lejana de la realidad. Incluso es sabido que existen personas que utilizan identidades falsas y vidas irreales.

Muchos pedófilos encuentran en las redes sociales la forma de ponerse en contacto con menores de edad. El grooming es un ciberdelito que se caracteriza por el acoso de parte de un adulto a niños, niñas y/o adolescentes a través de Internet para obtener algún tipo de gratificación sexual o imágenes eróticas/sensuales. Tenemos que ser conscientes que existe toda una red en que distribuye contenido pornográfico infantil y, seguramente, no queremos que nuestros hijos caigan en ese entramado de malas compañías. 

Frente a este planteo, la respuesta de muchos padres es –“Mi hijo, no”; pero las cifras de un reciente informe de la organización Grooming Argentina , son alarmantes: seis de cada diez chicos y chicas de entre 9 y 17 años hablan con desconocidos por Internet y tres de diez se encontraron alguna vez personalmente con alguien con quien se contactaron por ese medio. Nadie está exento de que le pase. 

Del lado del protagonista, tenemos que hacerlos pensar en lo qué van a publicar o a enviar por cualquier medio digital. Es preciso que sean conscientes de que, una vez que aprietan la tecla ‘enviar’, ese contenido puede dejar de ser privado para convertirse en público. Si bien pueden tener la intención de enviarlo de manera privada son innumerables la cantidad de casos en que esos contenidos se vuelven públicos y -peor aún- ‘virales’. 

Una práctica, cada vez más habitual entre los jóvenes, es la producción de contenidos de índole sexual, principalmente fotos y/o videos íntimos, utilizando los múltiples canales y efectos que ofrece la tecnología. A esta modalidad se la denomina ‘sexting’, que viene de la combinación en inglés de las palabras sex (sexo) y texting (texteo: envío de mensajes de texto mediante teléfonos móviles). 

La práctica surge del uso de tecnologías digitales y consiste en la circulación de un contenido sexual a través de dispositivos móviles (celulares, tabletas, etc.) y que se da mediante diversas aplicaciones (WhatsApp, Facebook, Instagram, Twitter, Snapchat, etc.). De este modo, la imagen es enviada a uno o varios contactos que, a su vez, pueden reenviarla y comenzar la viralización. Este tipo de información estará estrechamente ligada con la identidad digital de la persona que retrate, siendo por eso importante enseñar a usar la tecnología de manera responsable. 

Otro punto a tener en cuenta es la construcción de la imagen que vamos dejando a partir de las publicaciones que hacemos, cada uno de nosotros, grandes y chicos. No solo tenemos una huella digital en nuestros dedos, sino también vamos construyendo una ‘huella digital’ con todo lo que hacemos en internet y con los contenidos que subimos a las redes sociales. 

Todo queda almacenado y puede ser utilizado. La huella digital es el rastro que dejamos al navegar en internet. Cada vez que hacemos un ‘clic’ o damos un ‘me gusta’ en las redes sociales, o cuando usamos una aplicación desde el celular o la computadora, dejamos información personal. 

Por lo tanto, es recomendable ser consciente de la información que compartimos en todos los medios digitales y tomar precauciones para proteger nuestra privacidad y la de nuestros hijos. Lo que hacemos en el mundo virtual, tiene un impacto en el mundo real. Lo virtual es real. 





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