domingo, 18 de enero de 2026

No fueron 2 segundos


A quienes amamos el deporte, y el Rally Raid en particular, esta última edición del Dakar nos ha dejado más de una enseñanza. Cada actividad deportiva nos enseña muchísimas cosas que no solo se aplican al deporte en sí mismo, sino que también son aprendizajes para la vida.

La definición en la categoría de motos entre Luciano Benavides y Ricky Brabec, sin dudas, fue cinematográfica, pero lo más interesante es que fue real. Dos segundos separaron al campeón del subcampeón. La definición más ajustada en la historia del Dakar la tenía Kevin Benavides y era de solo 40 segundos: lo que tardaste en leer hasta acá. Ahora, la diferencia entre Luciano y Ricky es lo que tardaste en leer las palabras Rally Dakar. Increíble, pero real.

Sin dudas, este solo hecho nos deja muchas lecciones: valorar el tiempo, aprovechar el momento, no desperdiciar oportunidades, etc. Si seguiste la carrera (o no), sabrás (o te imaginarás) que hubo un sinnúmero de situaciones en las que ambos pilotos perdieron tiempo. 

De atrás para adelante, fue en milésimas de segundo que Ricky tuvo que optar por doblar a la derecha o a la izquierda a siete kilómetros del final, y tomó la decisión incorrecta. Hubo camellos que se cruzaron en el camino de Ricky, encajadas de Luciano en las dunas blandas, detenciones de Ricky para ayudar a un compañero, otros errores de navegación en ambos, estrategias de carrera que en su momento parecían válidas y que hoy se ven como desacertadas, etc. En fin, fueron casi 50 horas de carrera, 14 días de competencia, y todo se definió por 2 segundos.

Pero ¿fueron 2 segundos la diferencia? Mi respuesta es NO. No fueron 2 segundos. Fueron años de preparación para llegar a este momento. Fueron muchísimas decisiones tomadas a lo largo de la vida. Fueron muchas horas de entrenamiento, tanto físico como mental. Fueron muchas caídas, lecciones y obstáculos los que se presentaron a lo largo del camino. Fueron muchos triunfos, carreras ganadas, campeonatos obtenidos, alegrías compartidas. Fue mucho más que 2 segundos.

Luciano venía con “una de cal y una de arena”: venía con el antecedente de haber consagrado campeón mundial de Rally Raid, pero también tuvo una lesión el año pasado que no le permitió llegar al 100 % de su condición física. Sin embargo, se preparó para este Dakar. Todos los años de preparación previos, todas las enseñanzas aprendidas, todas las renuncias que tuvo que hacer, todas las horas de esfuerzo y sacrificio para prepararse física y mentalmente, toda la experiencia propia y la compartida con su hermano Kevin y su equipo de trabajo le permitieron lograr lo que solo otro argentino había logrado: alzar el premio mayor de la carrera más difícil del mundo. Ese “otro argentino” es su hermano. Pero de él voy a volver a hablar al final.

Toda esa preparación le permitió no rendirse, no bajar los brazos, estar concentrado al 100 % en la navegación —literal— hasta el último kilómetro. Y demuestra, sin lugar a dudas, que la preparación psicológica es, incluso, más importante que la preparación física. Que manejar las emociones es la clave del éxito. Que mantener una actitud positiva, aún en la adversidad, mejora el estado y permite estar más enfocado. Que hasta que no baja la bandera a cuadros no está todo dicho.

Y cada una de estas enseñanzas es aplicable a nuestra vida cotidiana. Todos tenemos un Dakar que correr. Todos tenemos momentos de incertidumbre y de dificultad, y en esos momentos podemos aplicar todo lo que Luciano aplicó a lo largo de este Dakar: enfocarnos en la meta, creer en uno mismo y trabajar para lograr nuestro sueño.

Y si no tenés sueños que cumplir, ¿qué esperás para soñar? Esos “sueños” se convierten en proyectos de vida que transforman tu vida y que te permitirán encontrar la felicidad a lo largo del camino. Luciano se lo propuso y hoy su sueño se convirtió en realidad. Pero no lo logró por 2 segundos, lo logró por todo ese tiempo que le dedicó a lo largo de sus 30 años en la construcción de este sueño que hoy es una realidad.

Y estos últimos párrafos se los quiero dedicar a Kevin. Tuvo que reinventarse porque no podía seguir corriendo en motos. Lo intentó el último Dakar y tomó la decisión de cambiar a los UTV. Se preparó todo el año para llegar a este Dakar. Toda la experiencia adquirida a lo largo de estos años la aplicó a manejar un vehículo de cuatro ruedas. Debutó y lo hizo muy bien. Ganó varias etapas y se mantuvo en el top ten de una categoría muy exigente.

En el momento en que su hermano Luciano lograba la victoria más importante de su vida, Kevin estaba ahí. Las diferencias de horarios de largadas de las distintas categorías le permitieron a Kevin ver todo el recorrido que iba haciendo su hermano y esperarlo en la llegada. Ahí enterarse de que había ganado por 2 segundos. Ahí abrazarlo y emocionarse hasta las lágrimas. Ahí fusionar su alma con la de su hermano, en un momento que le revivió todo lo que él sintió en los dos Dakar que ganó.

Pero luego de vivir ese momento de éxtasis absoluto, de haber sentido que su corazón se salía del cuerpo y que las emociones eran un torbellino, se colocó el casco y se enfocó en lo que tenía que hacer: salir a correr su última etapa del Dakar. ¿Y saben lo que pasó? La ganó.

De eso se trata cuando se dice lo importante de manejar las emociones, de usar la inteligencia y la voluntad, de enfocarse en el presente, y de tantas otras cuestiones que la psicología viene diciendo hace rato y que hoy la neurociencia afirma con muchísima fuerza.

Aprendamos de estas experiencias. Apliquemos lo que el deporte enseña en nuestra vida cotidiana. Siempre estamos a tiempo. Nunca es tarde. Y no te olvides de lo que hoy nos enseñó Luciano Benavidez: ¡2 segundos te pueden cambiar la vida!


Foto: Reuters